Hablan de paz, torturan y asesinan gratis

Iritzi artikulua
x Borroka Garaia
Y fue “la caza del ciervo” lo que asesinó a Iñigo Cabacas. Una estrategia político-represiva en la que la ertzaintza solo es una vulgar herramienta

Recuerdo los meses y semanas anteriores al despliegue a nivel de calle de la ertzaintza en Bilbo. La policía nacional española estaba de supuesta “despedida” y no quería perder el tiempo así que se dedicó a intentar romper el mayor número de cabezas posible, gastar todos los cartuchos de reserva, despedirse de ciertos locales y bares entrando a avasallarlos y golpear a la clientela, y dejar bien rociada de gases lacrimógenos sus calles favoritas.

El primer día que salió la ertzaintza a la calle se les notaba que lo habían estado planificando durante mucho tiempo, intentando corregir fallos técnicos viciados de la policía nacional. Querían dar de entrada una imagen de “fuerza superior”, mejor conocedora del terreno y “diferencial”. Y lo cierto es que ya desde el primer día sí que se notaron diferencias. Uno de los primeros pelotazos que lanzaron ese día dio contra una chapa metálica en una confluencia de la calle Ronda con la Ribera y tanto el sonido hueco del disparo como el golpe producido se notaba con mayor fuerza y contundencia que lo que podría salir de las escopetas anteriores. También avanzaron en sus líneas hasta zonas no comunes de la policía nacional intentando dar una supuesta imagen de control. Estaba claro que habían estado mano a mano estudiando el tema con la policía nacional y que a partir de sus conocimientos querían expandir de una forma más efectiva las tareas represivas. De ahí que el bestialismo típico de la nacional que en algunos casos denotaba cierta dejadez , fue sustituido por un bestialismo vehiculizado a causar más daño, más información y mas consecuencias. Y en este caso con un doble manto de impunidad, tanto el recibido desde el estado como el activamente tejido por la burguesía vasca, especialmente a manos del PNV. Desde esa nueva impunidad se abrió una nueva veda de caza y no casualmente el nombre de“ciervo” como objetivo prioritario.

Y fue “la caza del ciervo” lo que asesinó a Iñigo Cabacas en los aledaños de una herriko taberna. Una estrategia político-represiva en la que la ertzaintza solo es una vulgar herramienta. Pero una herramienta protegida como nos demuestra que en el juicio quedaran todos absueltos, menos un mando que le cae inhabilitación (estando ya jubilado) y 2 años de cárcel que nunca pisará. En supuesta defensa del estado se pueden abrir boquetes en la cabeza pero cuidado con escribir un tweet. Los amos de esta estrategia extendida en el tiempo y que no ha cesado nunca, que son los que más nos hablan de paz, jamás se sentarán ante ningún tribunal que imparta justicia porque no existe tal cosa en Euskal Herria. Para este sistema un joven camarero trabajador no es nada frente a la burguesía vasca y sus mercenarios. Y es precisamente eso, nada, lo que debe representar esos tribunales, esa burguesía y estos mercenarios para el pueblo trabajador vasco: una fuerza de choque del capital con el único destino de su disolución y abolición en una Euskal Herria libre.

Pese a que nos vendíeron insistentemente el supuesto repliegue de la policía nacional española y la guardia civil como un paso “soberanista” y “del pueblo”, lo mismo que se intenta hacer ahora con la incierta transferencia de prisiones, el resto de las FSE no se fueron a ninguna parte, y aún siguen estando, desde entonces con más tiempo libre y medios para hacer lo suyo, tras la cesión de una parte del monopolio de la violencia a la burguesía vasca. Una cesión realizada para lo que realmente ha sido y ha hecho durante todas estas décadas. Precisamente todo lo contrario de lo que nos vendían: Una policía encargada de hacer valer por la fuerza la ley española y que la clase trabajadora vasca se mantenga controlada en grado de dependencia a esa burguesía. No podía ser de otra forma. Un estado nunca cede a un territorio ocupado partes de la gestión del poder y la violencia si no está seguro que el colaboracionismo es firme, y si lo cede es a sabiendas de que es en alto grado efectivo el que población autóctona ejerza de matarife del estado de cara a sus intereses y a promocionar tal colaboracionismo. Es un clásico del imperialismo a la hora del integracionismo forzado de naciones bajo sus leyes; armar de policías, militares o carceleros a partes del pueblo trabajador desclasado y desnacionalizado y que sean gestionados desde la burguesía colaboracionista al dictamen del estado y el capital. Eso y no otra cosa es lo que es la ertzaintza, una policía del capital en beneficio de la burguesía vasca y valedora del orden español. En esencia irreformable como policía autonómica española, tanto en origen como en finalidad.

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